Alemania es un país
fabuloso. Se podría decir que la esencia de Europa se recoge en sus calles. Su
gente es ordenada, seria y cordial. No hay malos gestos, no hay bullicio por el
tráfico en las carreteras. Sólo limpieza y seriedad, mucha seriedad. Pero
Alemania también presenta numerosos problemas. Que tras la caída del Muro de
Berlín las diferencias entre el Norte y el Sur sean aún más grandes que entre
el Este y el Oeste, es algo bastante significativo.
Eso sí, olvídense de
todo lo arriba dicho cuando nos refiramos al fútbol. La Bundesliga transforma
Alemania y la mentalidad de sus habitantes para ofrecer un espectáculo
sensacional. No existe ningún otro lugar en Europa que viva el fútbol como allí
se hace. Los campos se llenan a rebosar y las gradas se convierten en
auténticos hervideros, pero siempre sin perder la compostura. No es casualidad
que los índices de asistencia más altos de Europa se den en este país. Pero lo
más importante del fútbol alemán es que consigue unir a la gente. Las
diferencias entre Norte y Sur, entre Este y Oeste, desaparecen cuando el balón
echa a rodar.
Nunca la bandera de un
país representó mejor la historia del mismo: Alemania ha escrito las páginas
más negras de la historia; también las más relucientes, pero siempre con el
corazón mediante. Esta observación también se podría extrapolar a su historia
futbolística. Nombres como Franz Beckenbauer, Fritz Walter
o Gerd Müller han hecho que Alemania, con sus tres Mundiales, sea toda una
referencia futbolística. La fuerza arrolladora y el espíritu ganador de los
jugadores alemanes son famosos en el mundo entero. Pero algo está cambiando en
los últimos tiempos tanto en la Mannschaft
como en todo el fútbol alemán: el juego físico está dando paso a la depurada
técnica de los jugadores bajitos.
Dentro de este contexto
se enmarca el vigente bicampeón de la Bundesliga, el Borussia
Dortmund. El equipo de Jürgen Klopp no está teniendo el mejor
arranque de temporada dentro de su país –mención aparte merece su gran papel en
Europa–, pero continúa siendo la referencia de juego de la liga. Ferguson
reclutó a Kagawa para su Manchester, pero en su lugar llegó el jugador
revelación de la pasada temporada: Marco Reus.
El ex canterano borusser regresó a
casa para hacer diabluras de la mano un Mario Götze
que se ha convertido en la estrella del equipo. Debe ser la temporada de
confirmación de ambos, la que decida finalmente si van a ser los jueces del
fútbol de la próxima década.
A pesar de todo, no
parece que este año vaya a haber un nuevo alirón aurinegro. No desde luego si
el Bayern continúa mostrando el mismo nivel que hasta ahora. El equipo de Jupp
Heynckes se ha reforzado de manera espectacular esta temporada. Ha fichado
jugadores de calidad en todos y cada uno de los puestos en los que más
necesitados estaban: Starke, para la portería; Dante, para la defensa;
Mandzukic y Shaqiri,
para los extremos; y Pizarro, para la delantera. Y como colofón, Javi Martínez.
El centrocampista navarro es el pulmón de este Bayern. Le aporta el equilibrio
que tanto añoró el año pasado el Gigante de Baviera y forma una pareja
espectacular junto a Schweinsteiger en la zona ancha. Sin duda, será el factor
determinante de los bávaros esta temporada.
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| Javi Martínez era la pieza que le faltaba al puzle de Heynckes | EFE |
El tercero en discordia parece ser de nuevo el Schalke 04. La marcha de Raúl ha sido un duro golpe para los mineros, pero también ha supuesto una oportunidad para reinventarse. Dan la impresión de ser más sólidos que la temporada pasada y cuentan arriba con un auténtico killer como Huntelaar, que está encontrando un magnífico socio en su compatriota Afellay, cedido por el Barcelona. Pero si algo ha definido siempre a la Bundesliga, eso son los equipos revelación. Este año parece que es el turno del recién ascendido Eintracht de Frankfurt. Los chicos de Armin Veh proponen un futbol rápido y atractivo, en el que los jóvenes Sebastian Rode, Takashi Inui y Bastian Oczipka brillan con luz propia. Lo único que queda por ver es hasta dónde serán capaces de llegar.
Pero aún quedan
muchísimos interrogantes por resolver esta temporada. ¿Será capaz el Hamburgo
de mejorar los resultados de la temporada pasada que a punto estuvieron de
enviarle a la 2.Bundesliga?¿Podrá el Werder Bremen reverdecer viejos laureles?¿Cómo reaccionará el
Mönchengladbach a la pérdida de Reus?¿Dará por fin el Leverkusen de Schürrle y
Carvajal el salto de calidad que necesita?¿Logrará el húngaro Szalai guiar al
Mainz 05 a Europa?¿Qué ocurrirá con el Stuttgart?¿Y con el Wolfsburgo tras rescatar al brasileño Diego del Manzanares?¿Qué equipos perderán la
categoría? Lo que está claro es que la emoción de la Bundesliga no tiene
parangón. Por eso me encanta Alemania. Bienvenidos.
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Pablo Gambero




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